En julio tuvimos unas vacaciones diferentes, y es que 8 personas jóvenes, intrépidas y aventureras, decidieron un día, no sé como, realizar unas vacaciones diferentes, así que nada mejor que realizar el Camino de Santiago, el mas corto para realizar a pie, pero suficiente para recibir la compostelana, nada, un total de 111 km. a excepción de un trío que decidieron realizar una etapa más, unos 20 km mas, casi nada para ir andando con mochilón a cuestas.
Lo preparamos con ganas, con ilusión, con ansiedad porque llegará, con mimo... compramos mochilas, botas, ropa adecuada, toallas especiales que más que una toalla, me recordaba un trapo de la cocina, calcetines especiales y bastones para caminar.
Así que nos largamos a Madrid en bus, y desde allí partimos hacia Sarria en tren, en un tren que iba lleno de peregrinos como nosotras con mochilones y todas las cosas necesarias para tener un buen camino.
Aterrizamos allí de noche aún, en un viaje en el que nadie del vagón pudo dormir, gracias a los ronquidos de un señor (por decir algo, que cada vez que me acuerdo...).
Con muchísimas ganas esperamos al grupillo que había empezado un día antes, para que nos contara sus experiencias vividas en el primer día de ruta, cosa que contada parece otra cosa distinta a la vivida
Lunes: Primer día del grupo completo fue la ruta de Sarria-Portomarín, un total de 22’ 20 km, de dificultad baja, según decía la información que llevamos. El grupo se disgregó y cada uno iba a su ritmo, en subgrupos de 2 a 3 personas, aproximadamente.
Algunos lugares por donde íbamos pasando eran espectaculares, me recordaban las imágenes de algunas películas españolas basadas en los años 20 o 30, por esos senderos y caminos por los que íbamos pasando eran dignos de ver.
Portomarín era un pueblo pequeñito precioso, con un toque de arquitectura románica, situado en alto, y con una entrada al mismo espectacular, la cual no gusto para nada tras llevar en las piernas unos 22 km, encima, Tengo que decir que el albergue que conseguimos estaba bastante bien, era nuevecito, y encotramos hueco para todos.
Martes: Segundo día, Portomarín-Palas de Rey, una etapa de 24’20 km con una dificultad alta, según decían. Este dia fue un poco mas feillo en su tramo final, pero al igual que el primer día, los senderos y caminos eran preciosos. Este pueblo no tenia el encanto que tenia Portomarín, pero al igual que el primero era bonito, aunque lo disfrutamos algo menos ya que estábamos mas cansados y nos apetecía menos salir a pasear.
Miércoles: Tercer día, Palas de Rey-Arzúa, con una etapa de 28 km y una dificultad intermedia, fue el día mas duro para todos. En principio íbamos a llegar hasta Ribadiso de Baixo, pero la mala suerte o la buena suerte, hizo que no tuviéramos sitio libre en el albergue de Ribadiso y tuviéramos que continuar un par de km mas hasta Arzúa, donde disfrutamos de una habitación en un pequeño hostal, todo un lujo, incluso ducharnos y secarnos con una toalla, y no con un paño de la cocina.
Alguien tuvo que abandonar a mitad de la etapa a causa de las ampollas, con lo cual alguna de nosotras aprovechamos para largarle los mochilones, aún así, la etapa fue durisima.
Jueves: Cuarto día Arzúa-Pedrouzo, etapa de 20’00 km, con una dificultad intermedia, destacando el segundo puesto de quien abandono el día anterior, y que la persona que no sufrió nada en el camino, se perdió e incluso así consiguió llegar antes que todos nosotros, en fin, incombustible…
Aquí se incorporó, aquella que en su locura marchó el dia anterior desde Melide a Toledo para realizar una oposición, y llegó para culminar la última etapa.
Viernes: Quinto día, Pedrouzo-Santiago de Compostela 21’50 km, de dificultad intermedia. Porque este era el último día, porque sino abandono, la rodilla llegó jodia a Santiago, y con un mal humor, que no había quien me aguantara, aún así todos se portaron muy bien conmigo y me animaron a finalizar, aunque mas bien me daban ganas de pegarles con el bastón...

Y por fin llegamos, destrozados, y sin habitación para todos en el hostal, reservado eso sí mes y medio antes, pero bueno es otra historia, al final terminamos en un convento del siglo XVI, que lo único que te apetecía era ponerte a rezar.
La alegría del camino, la cena fantástica de marisco que con tantas ansias esperamos, aunque hubo quien no la pudo disfrutar, puesto que el camino hizo estragos en su salud.
Conclusión, muy bien por la experiencia, aunque recomiendo que se realicen etapas más cortas, así incluso se podría disfrutar.
Lo mejor la compañía y esos ratos tan buenos de risas que nos echábamos en cada comida

3 comentarios:
Tal y como lo cuentas parece como si os hubierais inflado a andar, mujer ;-)
Bueno es verdad, tengo que rectificar, fue tan solo un lindo paseo de unos 5 días, menos mal que descansamos 2 en ese convento de clausura.
Que bonito el camino santiago...es lo mejor que he hecho en mi vida.
Sin olvidar como despedí de Santiago, sin olvidar el último dia del camino(me encantan los wc y las bolsas...), maravilloso recuerdo para hacer las rutas mas cortas...yo la proxima vez las voy hacer a cuatro ruedas!!!!
Por cierto lo del bastón lo sé...me miraste muy mal
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