jueves, 9 de octubre de 2008

MIRANDO A CUENCA

Para finalizar las vacaciones de verano, surgió una escapada en septiembre a Cuenca para un fin de semana, y hasta allí fuimos 5 de nosotros (vaya tute este año). Serán casualidades, pero el caso es que sin querer buscarlo coincidió que se estaban celebrando las fiestas locales en honor a San Mateo, lo juro, fue casualidad, no buscamos en el calendario que fueran las fiestas para visitar Cuenca.
Estuvimos en un hostal de lo mas cuco, algo rustico, pero muy coqueto, me gustó mucho, estaba situado muy céntrico, y como me gustó aquí dejo el nombre, por si alguien visita Cuenca, era el hostal Huecar.
Quedamos con los colegas de uno de nosotros, y estuvimos con ellos tomando alguna copichuela, que por cierto, aquí cogí frío, que se me agarró a la garganta que lo he llevado arrastrando un par de semanas.
Tras esto fuimos dando un paseo nocturno por sus callejuelas y sus cuestas, las cuales eran muy bonitas, lastima que esas calles quedaron deslucidas por la suciedad que quedaba tras las fiestas, aunque eso sí, decir que a la mañana siguiente no quedó rastro de lo que allí había ocurrido por la noche.
A la mañana siguiente ya tocaba dar una vuelta y ver la ciudad, con sus casas colgadas, que no colgantes, y que ya espero recordar siempre, ya que es algo en lo que siempre me equivocaba...

El paisaje es espectacular, al situarse la ciudad sobre un cerro rocoso, y que va bordeando el río Júcar, se van dibujando unas vistas espectaculares de parte de la ciudad y con una vegetación que van dando un colorido de gran belleza.

Vimos la fachada de la catedral de estilo gótico, pero que recordaba a la hermana pequeña de la catedral de Notre Dame.

Fuimos hasta el puente situado sobre el río, y desde el cual se podía ver con gran calidad las casas colgadas, siendo esto lo más famosos de Cuenca, no podíamos dejar de ver, con sus balcones al aire de madera, que ya solo pensar en asomarse allí da vértigo.

De las fiestas de San Mateo, decir que quedamos algo defraudados, y es que en ellas la gente se tira a la calle en grupo de peñas, todos con sus camisetas iguales, y en la misma calle, comen y beben durante todo el día, que eso no es malo, lo extraño es que la mezcla entre las peñas es muy escasa, y muchos de los bares del lugar permanecen cerrados, así que para los foráneos resulta un poco excluyente, pues resultó muy difícil encontrar un bar donde poder tomar algo. Bueno y eso por no contar la de vueltas que dimos para poder tomar un café. Menos mal, que nosotros somos todo terreno y nos adaptamos a cualquier cosa y al final nos lo pasamos bien.

Ya por la noche, fuimos a cenar a un restaurante italiano y tuvimos un peazo de sorpresa, y es que una de las nuestras nos invitó a cenar por haber sido su cumpleaños días atrás, toma yaaaaa, eso es lo que se debe tomar como parte de las buenas costumbres, si señor. Tras esto nos fuimos a disfrutar de la noche conquense, y es que no todo en esta vida debe ser rutas culturales, de vez en cuando hay que conocer las rutas festivas. Aunque empezamos la noche de forma tímida, la acabamos por todo lo alto, y lo de todo lo alto va en serio, ya que alguno se subió a no sé donde, pero que estuvo bailando desde allí arriba, y en esto hay pruebas que lo documentan.

Bueno y ya por la mañana, tocaba abandonar el hostal, y aprovechando el último día visitamos un lugar de lo mas curioso en Buenanche de Alarcón, y se trataba de un bar-restaurante, en el que el dueño del mismo tiene una especie de museo realizado por él de multitud de cosas, hechas básicamente de piedra y hierro.

Y aquí ya casi terminó nuestra escapada, puesto que ya tan solo quedó, la vuelta a cada uno de nuestros rincones, y cada uno tomó su rumbo.

2 comentarios:

FranciX dijo...

Menudo titulito que le has puesto a la entrada...

tnt dijo...

Je, je, je, sí ya lo sé.
Mal "pensaos" que sois unos mal "pensaos" todos.